No me acaban de gustar a mí los aviones... y no es que me dé miedo, exactamente... más que nada es el malestar que me entra. Me da la impresión de estar en un transportador de partículas (sobre todo el momento en que despega) y que en cualquier momento te va a explotar la vena del cuello o que el cerebro va a hacérsete papilla o te van a explotar los tímpanos y te va a empezar a sangrar el oído (y vamos a tener que llamar al Dr. House, que no se qué es peor, si morirte o llamarle a él).
Pero una vez estabilizado no se pasa muy mal, sobre todo si te da por dormir. Lo malo es cuando el avión está "juguetón" y le da por moverse como un cacharrito de feria mal atornillado o por hacer alguna que otra caída de varios metros sin previo aviso, momento en el que te preparas para ver tu vida en imágenes, pero que acaba antes de que empieces a verlas y el avión se estabiliza.
En estos momentos te cruza el pecho una sensación de miedo. Bastante inútil por cierto, cuando vas sola. Porque... ¿para qué sirve tener miedo cuando no tienes a nadie a quien expresarle ese sentimiento de congoja y que te tranquilice? Pues eso mismo... al final acabas llegando a la conclusión de que mientras que las azafatas y azafatos estén tranquilos y no salten las máscaras de oxígeno, todo va bien y que es relativamente normal... O al menos eso quieres creer.
Pero llegué sana y salva a casa... con unas agujetas que me muero del asco y de la pena, porque cargar con 33 kilacos de maletas es demasiado para alguien de mi tamaño, pero todo bien, al fin y al cabo :)
